Cada viernes por la tarde que puedo escaparme de archiconocida-productora-de-televisión, persona-con-la-que-vivo y yo, cogemos el carrito de la compra, que nos hace parecer cuarenta años mayores, y andamos 1125 metros según el callejero online de Páginas Amarillas, hasta el Mercadona más cercano, que está así de lejos. Qué le vamos a hacer, Hacendado nos tiene conquistados.
Llegamos felices y contentos, pero también hambrientos y sedientos, para qué vamos a engañarnos. Después de tanto rato de senderismo, es lo lógico. En Mercadona parece que lo sepan, porque organizan pequeñas degustaciones con el objetivo de promocionar y vender más calmar el apetito de caminantes profesionales como nosotros.
-¡Mira, gazpacho! ¡Mira, jamón! ¡Mira, aceitunas!, digo yo emocionada y conduciendo el carro-al-que-se-le-mete el euro a 40km/h. No quiero que por llegar tarde, nos quedemos sin merendar.
Sin embargo, cuando llego a mi destino, véase, el stand de la promoción en cuestión, persona-con-la-que-vivo ha desaparecido. Así, sin más. Tengo que dar media vuelta y buscarle, y entonces lo veo ahí, escondido entre las cajas de leche.
-¿Qué te pasa? ¿No vienes? -¡No! ¡Que me da vergüenza!
 Efectivamente. Entre yogures desnatados, panes bimbo y zumos de fibra y vitaminas, me va explicando que le da cosilla coger la comida de las desgustaciones. -¿Es por si está en mal estado? Te aseguro que... -No. -¿Es porque crees que hay que pagarla? Te lo digo porque es grat... -No. -¿Es porque alguna vez has trabajado de Chico de las Promociones y te trae malos recuerd...? -No. -¿Entonces? -No sé, es irracional, pero me da corte.
Sí, amigos y amigas, intento convencerle. Le explico que esa comida está ahí única y exclusivamente para que la probemos, que no estamos robando, ni tenemos morro por tomar un pequeño canapé de mousse de pato.
Pero mis argumentos se pierden entre los tomates y las latas de atún, así que decido que lo mejor es la terapia de choque: -Ven conmigo, vamos a probar este jamón serrano.
Y empiezo a andar, valiente y decidida, creyendo ingenuamente, que él me sigue. -Hola, te cojo un trocito de jamón, digo sobreactuada. Vaya, está riqúísimooooo... ¿por qué no pruebas un poco?
Y cojo otro trozo y me giro hacia... NADIE. Porque persona-con-la-que-vivo ha vuelto a desaparecer, muerto de vergüenza. Así que yo parezco una loca que tiene un amigo imaginario al que le da jamón en el Mercadona. O peor, una glotona capaz de fingir que está con alguien más para llevarse dos trozos. Sí, genial, cualquiera de las opciones viene muy bien para mi currículum.
-¡Esto no puede seguir así!, dije cuando le encontré. Vas a venir conmigo y vas a superar tu fobia. -Vaaa... vaaaleee... Y entonces fuimos hacia la chica que promociona los frutos secos. Montones y montones de frutos secos. Así que pensé: voy a entretener a la chica y así que él se ponga las botas.
Después de 10 minutos distrayéndola, preguntándole cuáles picaban y cuáles no, cuáles me recomendaba ella, cuáles estaban de oferta, cuáles comía su abuela, pensé que persona-con-la-que-vivo iba a coger una indigestión, así que nos fuimos de allí. -¿Qué, has comido mucho? -Sí, me he comido una aceitunita.
¿Una aceitunita? ¿Una aceitunita? ¿¿¡¡Una!!?? Ayyyy, todavía queda tanto trabajo por hacer...
P.D- Sintiéndolo mucho, la opción al test de Laura era la C. Pero después de leer los cálculos de Evoluciones y saber que voy a tener 120 roedores de rabo largo y dientes afilados, tener que trabajar T-O-D-O el verano me parece el menor de los males :p Además, que a mí me gusta, y para muestra, una entrevista. ¡Gracias, Nuria! |