(Tercer) Diario de una joven maniática

sábado, 4 de enero de 2014
110. Sigo viva y adicta al choco:)
Soy lo peor, hace semanas (¿qué digo semanas? ¡Meses! ¿Qué digo meses? ¡Años!) que no escribo aquí y ni he dicho nada. En fin, que ahora podéis encontrarme en Twitter (si queréis) y en Instagram. Soy @LauraFM84 en ambos dos. ¡Venirseeeee!
posted by LauraConChocolate @ 15:24   5 comments
lunes, 26 de noviembre de 2012
109. El resto de los días procuro imaginarte, sentir que estás conmigo, tal como estabas antes, pintando de colores mi pelo por las tardes...
He perdido muchas cosas a lo largo de mi corta vida: dientes de leche, calcetines, pinzas de tender la ropa, papeles (y a veces "los papeles") pintalabios, peines, paraguas, las ganas de vivir cuando leo las noticias... pero nunca, nunca, nunca, había perdido un tren. Y llevo viajando en tren... buuuuuuuf. ¡O más!
 
¿Cómo voy a perder un tren? ¡Es imposible! ¡Pero si es tan sencillo como estar a una hora determinada en un lugar concreto! ¡Todas las personas normales son capaces de hacer eso! ¡Y no sólo las personas normales: incluso yo!
 
No le voy a echar la culpa al alcohol porque eso sería un recurso muy fácil. Pero es cierto que cuando perdí el tren, estaba con unas amigas en Albacete bebiendo crema de orujo. Y antes había bebido vino. Y antes del vino, cerveza. Y antes... no, voy a parar aquí, que mi padre lee este blog.
 
Aunque cuando una está en Albacete, rodeada de buena compañía y bebiendo crema de orujo, las cosas dan un poco igual. Eso es así. No importan las calorías de los Miguelitos, ni las carreras que recorren de arriba a abajo tus medias, ni que el tren salga dentro de veinte minutos. ¿Qué son esas paparruchas comparadas con esos momentos de máxima felicidad? ¡Así que vamos a tomarnos otro chupito que la vida son dos días!
 
 
Y de repente, ahí estábamos mi amiga y yo en el control de equipajes de la estación de Renfe:
 
-No les puedo dejar pasar, dijo una chica muy marimandona.
-¿¿POR QUÉÉÉÉ?? ¡¡¡YA SÉ QUE LLEVO MUCHO ALCOHOL ENCIMA, PERO NO ES PARA PROVOCAR UN INCENDIO, LO JURO!!!
-No van a pasar.
-¡Y vuelta la burra al trigo! Vamos a ver... quedan tres minutos para que salga el tren, no nos entretengas y déjanos pasar, perra estúpida. (Esto último sólo sonó en mi cabeza porque la última vez que insulté a alguien tenía cuatro años)
-¡Señora, que no pueden pasar!
 
¡¡¡¡¡¡¡¡AGHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!! ¿¿¿¿QUÉ DICEEEEEEEEEEEEEEEE ESTA MUJEEEEER???? ¡¡¡ME PARECE MUY BIEN QUE NO ME DEJE SUBIR AL TREN PERO A MÍ QUE NO ME LLAME SEÑORA, QUE SOY UNA CRÍA, POR DIOOOOS!!!
 
Es que hay cosas que duelen, sobre todo cuando se acerca tu cumpleaños. Vale que siguen siendo veintimuypoquitos, pero ya no tengo doce, y eso jode.
 
En ese preciso instante, había por allí una señora de verdad. Muy mona, elegante, resuelta. Digo "señora de verdad" porque yo no me considero tal y si la cabro** de Renfe me viera saltar en los charcos con mis botas de agua de mil colores o ponerle morritos a los bebés del metro o llorar cuando se me acaba el chocolate, tampoco lo pensaría.
 
 
Señora, dice la muy... y entonces, esos granitos que me salen de vez en cuando, ¿qué, eh? Eso es juventud (y una putada muchas veces).
 
En fin, volvamos a la señora de verdad. Porque la señora de verdad también perdió el mismo tren que nosotras (aunque ella no había bebido y si lo había hecho, lo disimulaba mucho mejor que nosotras) y en ese momento dijo:
-¡Pues yo necesito estar mañana a primera hora en Madrid porque tengo que coger un AVE! ¡Voy a irme en mi coche! ¡Si queréis os llevo!
 
Y allá que nos pegamos a la buena mujer cual lapas. Pero ipso facto.
 
Que vamos a ver... a mí mis padres siempre me han dicho que no acepte caramelos de desconocidos (de droga no han dicho nada, porque como somos de Valencia... pues sabemos lo que hay), que no suba en el coche de desconocidos, que coma pescado tres veces por semana, que me duche todos los días... Ajá. ¿A que no es normal? ¿¿¿Cómo no voy a aceptar yo un caramelo, venga de quien venga??? Nadie que me conozca podría pedirme eso. Bienvenidos sean todos los desconocidos, animales, plantas o cosas que vengan a mí a darme caramelos, con lo que me gustan.
 
La señora de verdad nos daba buen rollo, no había más trenes, Albacete mola pero para quedarse a vivir no sé, estábamos un poco achispadillas... vale, que nos metimos en el coche, como la canción de Mecano.
 
El viaje fue perfecto: muy cómodo, buena conversación durante todo el trayecto y negativa rotunda por su parte a pagar nosotras la gasolina o los peajes. Una señora amable y hospitalaria de los pies a la cabeza.
 
Yo le hubiera pedido que me adoptara, pero con mi madre de verdad estoy súper contenta (aunque me haga rebuscar en la basura para encontrar veinte euros, ya os contaré esta historia).
 
Cuando estábamos entrando en Madrid, la señora de verdad se empeñó en dejarnos en la puerta de casa, pero nos sabía taaaan mal, que conseguimos negociar con ella una solución intermedia, así que nos dejó en una boca de metro que nos venía bien a las dos, aunque tuvo que dar una vuelta considerable por el centro de Madrid para encontrarla.
 
Yo quería comérmela a besos, hacerle un castillo de fuegos artificiales, ponerle una calle a su nombre y un piso en La Castellana. Pero me contuve y sólo le dije que me había hecho recuperar la fe en la humanidad y que era muy difícil encontrar a alguien así de forma tan casual.
 
Ella le restó importancia a su gesto, nos contó dónde trabajaba y nos dio su tarjeta, por si queríamos visitarla algún día. Y resulta que trabaja en... ¡el Congreso! ¡Porque es diputada!
 
 
 ¡¡¡HUALAAAAAAA!!! ¡Una diputada famosa e hiper amable nos ha llevado en su coche a Madrid!
 
A veces vale la pena perder un tren...
 
P.D- Que nunca descubra que en mi anterior post hay una pequeña puyita hacia el Congreso :)
posted by LauraConChocolate @ 18:31   10 comments
lunes, 15 de octubre de 2012
108. Provócame una sonrisa, haz que esta cruz sea cara, hazme creer aunque mientas que esta noche no es tan rara...
Decidí cambiarme de gimnasio porque lo bueno que esté profesional que sea el monitor de Pilates no justificaba sus precios abusivos.
Ni que no hubiera máquina de chuches.
 
Pero antes de ir por primera vez al nuevo, había algo que tenía que hacer de forma urgente. Y no me refiero a depilarme las piernas, aunque eso nunca viene mal. Tenía que autoconvencerme de que no hablaría con NADIE. Ene, a, de... bueno, todos sabemos deletrear, que esto no es el Congreso :-)
 
Que vamos a ver: no es que crea que relacionarse con la gente sea malo (si tienen todas las vacunas puestas no pasa nada). Pero es que yo tengo un problema (bueno, tengo varios) que consiste en que un hombre viene a hablarme mientras estoy corriendo en la cinta, y no sé cómo ni por qué, dos meses después me pregunta si me puede dejar a sus hijos de 7 y 10 años para que él salga de marcha por la noche, ¡y digo que sí!
 
(Verídico. Y oye, no conozco un anticonceptivo más eficaz que cuidar durante 16 horas a dos niños extraños a los que no les gusta el queso de la pizza)
 
Volviendo al tema... bueno, un momento, ¿no os parece muy fuerte que a un niño no le guste el queso de la pizza? ¿Qué clase de mutación genética es esa?
 
Como decía, al nuevo gimnasio quería ir en plan autista, sin establecer contacto visual con nadie, inmersa en las canciones cañeras (bueno, todo lo cañero que pueda sonar Joaquín Sabina, Serrat, Pablo Milanés) que me pongo en el Spotify para correr en la cinta. Sí, sé lo que estáis pensando: correr al ritmo de "heeeeeeeey, sólo pienso en tiiiiiii, juntos de la mano, se les ve por el jardínnnnnnnnnn" es complicado. Lo sé, ¡pero la chispa de la vida está en estos pequeños retos!
 
El caso es que mi falso autismo no me sirvió de mucho, porque el primer día se me acercaron hombres de todas las edades y condiciones. Que sí, que esto acaba de quedar súper prepotente y mega creído, pero las cosas como son, y las chicas rubias con cara de perdidas que tienen que parar cada treinta segundos para coger aire tenemos mucho tirón en los polideportivos municipales.
 
 
Pero lo peor del nuevo gimnasio no es esto, ni que mi mejor-amiga-de-allí sea psicoanalista y pueda percibir que estoy loca antes del tiempo que tarda en percibirlo un ser humano normal, ni que el monitor de vez en cuando diga: "pues ahora vamos a hacer gimnasia con nuestro propio cuerpo". (Eso me descoloca mucho porque igual hasta entonces he estado haciendo gimnasia con el cuerpo de otro y no me he enterado).
 
No, lo peor no es nada de esto... ¡lo peor es que no me atrevo a confesar a mis antiguos compañeros del otro gimnasio que les he abandonado por otro más joven, digo, más barato! Y dado que todos somos del mismo barrio, esto está resultando muy complicado. A veces me los encuentro con el pelo mojado y la bolsa de deporte. Otras me los encuentro cuando el profe nos saca a correr por el parque. ¡Y así no hay quien pueda llevar una doble vida tranquilamente, jolines!
 
Aunque "tranquilamente" es un adverbio de modo que no entra en mi vida desde que esto...
 
 
 
... se metió en casa por una ventana. Así, de repente. Sin avisar, ni traer vino, ni nada, el malqueda.
 
Y de momento aquí sigue. Como metía su pico en mi pelo, mis orejas y mi boca,  pensé que lo mejor sería llevarle al veterinario, para asegurarme de que estaba sano, al menos físicamente, porque mentalmente lo doy por perdido.
 
El caso es que el veterinario dijo algo que me desconcertó mucho:
 
-Ahora está más cortado, pero poco a poco cogerá confianza...
-¿Y se irá volando por la ventana después de recoger sus cosas? ¡Di que sí, di que sí, di que sí!
... e intentará copular contigo.
 
 
Me quedé callada mirando al veterinario, muy sugerentemente, esperando que dijera... "estaría loco si no lo hiciera...", mientras me preguntaba si la clínica sería suya en propiedad, si en ese caso, estaría pagada la hipoteca, si en caso negativo, la cuota sobrepasaría los mil euros, si el coche de la puerta también sería suyo, si con lo que gana podríamos vivir los dos en un spa con cocina (que desde hace una semana es el sueño de mi vida). En fin, que yo me estaba preguntando pues eso, lo típico cuando conoces a alguien y sientes interés por las cosas importantes de su vida.
 
Pero después sólo dijo:
-Y ahora vamos a hacerle un análisis.
 
 
¡Y me dejó así, el tío! ¡Sin saber si podía permitirse el anillo de doce quilates que me merezco!(Esperad, un momento... ¿doce quilates es mucho? No tengo ni idea, en serio. Yo quería decir una cifra que sonara así como muy alta, pero en realidad no entiendo de quilates y a lo mejor doce quilates es una mierda de anillo. Bueno, habéis entendido la idea porque sois listos, ya que, repito, esto no es el Congreso).
 
Ah, bueno, sobre lo del pájaro queriendo copular conmigo. A ver, no os asustéis, he tomado medidas: cuando el pájaro está suelto llevo el pijama abrochado hasta el último botón, unas bragas marrones que me regaló mi abuela, nada de maquillaje y el pelo hecho una maraña. Que no pueda decir que le estoy provocando.
 
Y de momento funciona, pero no sé durante cuánto tiempo más voy a poder camuflar mi atractivo.
 


posted by LauraConChocolate @ 15:37   8 comments
martes, 31 de julio de 2012
107. Y tú que no ves que quiero seguir comiéndote a besos...
Leo muchas novelas románticas, con portadas chillonas y finales felices. A lo largo de los años he tenido muchas discusiones del tipo "eso que lees no es literatura". (No, claro, es álgebra, no te jo**)

A las protagonistas de mis novelas (jóvenes, guapas y exitosas) les ocurren situaciones preciosas e idílicas que, en teoría, "no suceden en la vida real". 

¡Ja! Yo misma, sin ir más lejos, tuve hace unas semanas la "cena-con-paseo-y-copas" más romántica del mundo, con un chico al que llamaremos... al que llamaremos otra vez, seguro :-P 

Él vino a recogerme en un elegante coche de caball... buenooo, vaaale, a ver, quedamos en el andén del metro. ¡Pero es que olía a caballos! ¡Me refiero al metro, no al chico! ¡El chico olía muy bien

Nada más verme, contuvo el aliento y observó de arriba a abajo mi precioso vestido largo de Óscar de la Renta, color miel y con pedrería turquesa en el hombro y mis zapatos de tiras de diamantes de Manolo Blahnik, y dijo que nunca, en sus treinta y poquitos años de vida, había visto tanta belleza junta. Aaaaaay, buenoooooo, valeeeee, yo iba con una minifalda vaquera y una camiseta blanca de Stradivarius, pero lo de que no había visto tanta belleza es verdad. Aunque estaba mirando a otra. 

Como él no vive en Madrid (prefiere estar en una ciudad con playa, sin doce líneas de metro que pagamos como si los raíles estuvieran revestidos de oro y sin Esperanza Aguirre, ¿quién puede culparle?) yo elegí un sitio bonito (y romántico) para cenar y le dije que estábamos muy cerca, lo que en Madrid significa quince paradas de metro pero sin transbordo. Me había estudiado muy bien el itinerario que debíamos seguir, había imprimido mapas y lo había repasado mil veces en mi cabeza... pero si llegamos al sitio bonito y romántico fue gracias al gps de su móvil, las cosas como son

El camarero nos dio a elegir entre dos mesas, y yo dije "ésa", señalando la más retirada. Él no se acordará porque lo único que puede recordar desde esa noche es mi sonrisa, pero entonces miró con resignación al camarero y le dijo: "pues nada. Si ella quiere esa...". (Que conste que no soy mandona y prohíbo a todos que digáis lo contrario y os obligo a que digáis que efectivamente no lo soy)

El menú fue exquisito, jamás podré olvidar esa mezcla de sabores tan inconfundible en mi paladar. Todavía lo recuerdo con la nitidez de un instante inolvidable. De primero pedimos... eeehhh... bueno, de segundo pedimos... esto... mmmm... como decía, jamás podré olvidar esos sabores

Entre copa y copa de lambrusco, fui al baño. Cuando volví, mi corazón empezó a desbocarse, las mariposas revoloteaban por mi estómago, las piernas me temblaban. Y es que le vi ahí, detrás de un enorme ramo de rosas (todas iguales, muy rojas). Me derretí pensando que había esperado a que fuera al baño para sorprenderme con las flores, así que me acerqué a él y le abracé con fuerza:
-Señolita, suétame, me dijo.
-¿Cómo que "señorita"? ¡Puedes llamarme Laura, que hay confianza! ¿Y por qué entornas así los ojos cuando te abrazo? 

Entonces lo vi claro: el que estaba detrás de las flores no era él, era un chino vendiendo rosas. ¡Y luego dicen que el amor es ciego! ¡La ciega soy yo

Le pedí que le pusiera nota a la comida y al restaurante. Dijo que todo era perfecto pero nada comparado con la perfección de mi persona. Seguro que si le preguntáis a él, dirá que no dijo eso sino "¿¡por qué tienes esa manía de ponerle nota a todooo?", pero... ¿a quién vais a creer? Sabía que podía confiar en vosotros, gracias ;-) 

Me invitó a la cena. Yo no quería, pero él aseguró que lo seguirá haciendo siempre siempre siempre que cenemos juntos. Es más, que aunque yo cenara con otras personas, vendría hasta donde yo estuviera para invitarme igual. Y que si alguna vez ceno y él no está ahí para invitarme, me dará su casa, su coche y una albahaca que tiene para darle sabor a las ensaladas. Mola. 

Cuando salimos del restaurante le propuse ir a tomar una copa, pero él dijo que prefería dar un paseo para bajar la comida (lo que yo interpreté como "para poder salir corriendo si me sigues dando miedo") Así que le llevé al Templo Debod, que si de día es bonito, de noche más. Desde allí, se ve la Catedral de la Almudena, la Casa de Campo, el Palacio Real, y montones de grupos de adolescentes haciendo botellón. Yo intentaba que no se percatara: 
-¡Mira! Si te fijas, allí se ve... ¡eso! Y en ese otro lado está... ¡lo que sea! (nota mental: comprar una guía turística de mi ciudad de empadronamiento) 

Como nos dieron envidia, fuimos a tomar algo nosotros también (no en el parque, claro. No tenemos edad, sobre todo él). El sitio era muy bonito, nos sentamos en un pupitre y, antes de servirnos, el camarero nos pidió que le dijésemos el presente del subjuntivo del verbo amar. Ahora parece fácil, pero decidlo después de una botella de lambrusco... 

La conversación estaba siendo muy animada, así que cuando terminamos de tomarnos mi Baileys y su... lo que fuera, seguimos caminando hasta que vimos un banco para sentarnos. Si ignoramos a... 
1. El señor que se puso a dormir a nuestro lado. 
2. La cucaracha del suelo. 
3. Los ronquidos del señor que dormía 
 ... la situación seguía siendo "mazo romántica con mazo sentimiento". Cuando nos levantamos, él sacó algo de su bolsillo... ¡¡¡un anillo!!!, estaréis pensando vosotros igual que pensé yo. 

Pero no, era un "rasca y gana". Y rascamos y ganamos (un euro, mu'rico). 

Era muy tarde, así que nos despedimos y cada uno cogió un taxi en una dirección diferente. 
-Estoy en el taxiiii, dije cargada de originalidad intentando iniciar una conversación por WhatsApp.

Ni caso, ni doble check -ahora mismo mi padre no sabe de qué estoy hablando-, ni nada.

-He llegado a casaaaa
Ídem. 
-¿Estás bien
Nada. 

Ay, ¿y si me lo han secuestrado? ¿Cómo voy a dormir con esta preocupaZZZzzzZZZZZZZzzzzZZZZZ

A la mañana siguiente encendí el móvil esperando recibir su aluvión de mensajes. Nada. Ni uno. Cero. 
-Buenos días (¡por Diooos, espero que lo sean también para ti y no estés en un semisótano grabando un vídeo de rescate para tu familia con un dedo amputado! -a veces soy muy gore-) 
-¿Holaaaa

Como no contestaba, me planteé dos opciones: 
1. Todo ha sido un sueño. Imposible: entonces no tendría esta resaca. 
2. ¡Le han secuestrado o algo peor! ¡Y como fui la última persona que lo vio con vida, creerán que lo hice yo y me meterán en la cárcel! ¡No puedo ir la cárcel! ¡Soy muy joven y muy rubia para ir a la cárceeeeeeeeeeeeeeel! ¡Y necesito limarme las uñas cada dos semanas!

Resultó ser la tercera: llegó bien, se fue a dormir, se despertó tarde. A ver, por un lado me alegro, vale. Pero mi opción era más creativa. Y oye, morir después de haber cenado conmigo... a lo mejor vale la pena.
posted by LauraConChocolate @ 12:52   9 comments
viernes, 22 de junio de 2012
106. Cuando baja la marea, cuando aprieta el corazón, allí estás tú... y yo contigo adentro.

Os voy a contar cómo tratan en Valencia a una valenciana empadronada en Madrid por motivos de causa mayor como... eehhh... errrmmm... ¡me hacen descuentos en la piscina! Eso. 

(Mal. La tratan mal. Muy mal. Fatal)

Me gusta viajar a Valencia en el coche de Raúl y María porque me dan chicles, merienda y una almohadita para que apoye la cabeza. Bueno, y porque son mis amigos, les quiero mucho y con nadie más puedo hablar de las ventajas e inconvenientes de las sábanas de franela con tanto detalle. Así que cuando me dijeron que se iban unos días a Valencia, no me lo pensé dos veces:
-Ufff, pero entonces... no podré ir a Pilates...
-Ufffffff... pero mi disco duro multimedia lleno de series está en Madrid...
-Uuuff... 
(Bueno, vale, a lo mejor sí que me lo pensé).

Pero entonces me imaginé la ilusión con la que me recibirían mis padres, las pancartas de bienvenida, la casa llena de globos, las medianoches de queso de cabra, los iPhones de regalo, en fin, esas cosas.

Llegué a casa con mi maleta rosa y llamé al timbre. Podría haber abierto con mis propias llaves si mi padre no me las hubiera quitado cuando me fui a Madrid, ejeeeeeeem. No contestó nadie. Llamé a mi madre al móvil. No contestó nadie. Empezó a llover. Llamé a mi padre:
-¡Lauraaa! ¿Por dónde vais? 
Estoyenlapuertadecasanohaynadiellueveymeestoymeandoooooooooooooooo

(Las cosas como son)

Estuve en una cafetería hasta que llegó mi padre. Una señora se quedó dormida en la mesa de al lado mientras se tomaba un café. Al principio me extrañó, pero luego pensé: "estoy en Valencia. Aquí hay mucha droga". 

(Insisto, las cosas como son)

Un rato después por fin entré en casa. Enseguida llegó mi madre:
-¡Laura! ¡Voy a secarme el pelo, guardar las cosas del gimnasio, recoger la ropa, planchar, mirar mi correo, sacar a la perra, hacer la cena y enseguida estoy contigo!
-¿¡¡Pero esto qué essss??!
-Ay, hija, es que vienes entre semana y aquí tenemos nuestras rutinas...

No pasa nada, pensé. Puede que no tenga padres que me quieran, pero la playa siempre estará ahí. Me duró la emoción cinco segundos porque enseguida empezó a llover. 

Vale, estoy en Valencia, mis padres no me quieren, mi playa no me quiere, aprovecharé para hacer cosas guays:

-Papi, ¿cuánto costaba una limpieza de boca en el dentista tuyo del Colegio de Abogados? (sí, ya sé que tengo que revisar mi concepto de "hacer cosas guays")
-Para mí 22 euros, para ti... 25.
-¿Por qué, por no ser abogada?
-No, porque va por "metros cuadrados de dientes", JAJAJAJAJAJAJAJA.


Recapitulemos: estoy en Valencia, llueve, mi padre no sólo no me quiere sino que me dice que tengo los dientes enormes, mi concepto de hacer cosas guays es ir al dentista, ya nada puede empeorar. 

¡Ja! Sí que puede.  

-Laura, ¿te vienes mañana a verme al trabajo y te invito a desayunar?, me pregunta amorosamente mi madre.
-¿Has dicho desayunar? ¡Sí! 
-Vale, pero vente en ayunas.
-¡Guay! Así desayuno más, ¿no? Jijiji.
-Claro, cariño... Y ASÍ ANTES TE HACEN UN ANÁLISIS DE SANGRE.


Supongo que ahora entendéis por qué me lo pienso dos veces antes de visitar mi tierra natal. ¡A nadie le gusta ir a Valencia para que le insulten o le chupen la sangre

P.D- Mientras escribía este post, tuvo lugar otro motivo de maltrato infantil de mis padres hacia mi persona. En ese caso, fue mi madre. Había salido a comprar y me llamó por teléfono.
-Dime mami.
-Laura... ven a por mí, que me he mareado.
-¿¿¡¡Qué diceeees???!!!
-JAJAJAJA, JAJAJAJAJA, JAJAJAJAJAJAJAJAJA. ¡Es broma! JAJAJAJA, JAJAJAJAJAJA.
-...
-JAJAJAJAJAJA, JAJAJAJAJAJAJAJA, ¿¿TE LO HAS CREÍDO?? JAJAJAJA, JAJAJAJAJA. 
-¡Pues claro que me lo he creído! ¡Me están temblando las piernas!
-¡JAJAJAJA, JAJAJAJAJAJAJAJAJA, QUÉ TONTA ERES! Bueno dime, ¿te compro kiwis?

Os lo prometo: desde que me he empadronado en Madrid, no entiendo el humor de los valencianos.
posted by LauraConChocolate @ 19:22   6 comments
lunes, 28 de mayo de 2012
105. Y trajiste un salvavidas cada vez que tú reías mis payasadas...

Sinceramente, yo pensaba que esto del empadronamiento era como la portabilidad de las compañías telefónicas: tú perteneces a una ciudad/compañía y cuando amenazas con cambiarte a otra, tu ciudad/compañía de origen te seduce con tentadoras ofertas y palabras bonitas:

-"Señorita Laura, no se puede marchar, es una de nuestras mejores clientas, y aquí le tenemos mucho aprecio: por ejemplo, el presidente de la compañía tiene una foto de usted en su mesilla de noche y antes de acostarse le da un beso. Ah, y le quiere invitar el próximo domingo al club de golf con su familia".

En fin, lo típico. Al menos en mi mente suena así. 

Desde que vivo en Madrid he querido empadronarme aquí en más de una ocasión, pero no lo he hecho por motivos sentimentales y políticos. 
(Por "políticos" me refiero a que "me hace ilu" ir a votar con mi familia y luego tomarnos un aperitivo, tampoco hay más. Claro, que esto podría incluirse dentro de los sentimentales...

Entonces, un día me di cuenta de que podía utilizar mi "amenaza de empadronamiento" para conseguir un montón de cosas. Mi padre haría lo que fuera para que mantuviera mi dirección en Valencia y persona-con-la-que-vivo ídem para que cambiara mi dirección a Madrid. Los dos pelearían por mi "custodia" en una dura batalla con un único ganador: yo. 


Me encanta cuando me inspiro y resuelvo el mundo.

Poco a poco fui concretando la idea y trazando un plan maestro infalible: yo llamo a mi padre, le digo que me quiero empadronar en Madrid, él llora, me pide que no lo haga, me ofrece 20 euros, yo me veo tentada, intento ser fuerte, digo que no, me ofrece 50, me lo pienso pero no, me ofrece 3000 al mes para toda la vida, dudo pero sigo firme, me ofrece 3000 al mes y un apartamento en la playa, se lo agradezco pero le digo que mi deber moral es estar empadronada en la ciudad en la que vivo más tiempo, me ofrece los 3000 al mes, el apartamento que ahora es dúpplex, un coche con chófer (buenorro) y dos cajas de bombones Godiva, yo le digo que me lo pienso esta noche y que le contestaré a primera hora, le llamo, le digo que me lo he pensado y que no, él me ofrece TODO, cualquier cosa, lo que yo quiera, sin condiciones, pa'mí pa'siempre. 

Y vida resuelta. Soy la mejor. ¡¡Y tengo chófer!! 

(Mi yo futuro disfrutando de una vida de placer absoluto)


Así que llamé a mi padre:

-Papi, verás... TODAVÍA NO ES DEFINITIVO, pero... creo que voy a... insisto, estoy pensándolo, ¿eh? Creo que voy a empadronarme en Madrid.
-¡Me parece perfecto, Laura!
-¿10 euros, dices? Eeehhh... un momentoooo: ¿qué es lo que has dicho?
-¡Es muy buena idea! De hecho, hace tiempo que te lo quería proponer.

...

...

...

¿¿¿¿¿Quéééééé??????

Quizás no me ha entendido bien:

-Yaaa... bueno, pues entonces, si te parece bien, me voy a borrar de la casa donde estoy empadronada, CONTIGO, con la mamá y con Cris, y voy a empadronarme en otro sitio... sí, eso es, dejaré la casa donde tantos ratos felices hemos pasado... donde yo estudiaba horas y horas, interrumpida por ti cuando entrabas en mi habitación para preguntarme qué era un crédito o si creía que con un cuatro podrían aprobarte... Aaayy, nuestra casa, testigo de tantas risas y confidencias, la casa donde me has visto crecer día tras día...
-Bien, bien.
-...y ya nada nos unirá, papá. Excepto la sangre, el ADN, la miopía y el 90% de mi carácter... y todo eso suponiendo que de verdad seas mi padre...
-Muy bien, Laura. Por cierto, te quería comentar una cosita de mi página web...

Ahhh, sí... La página web. Algún día tengo que contaros esta historia. 

La jugada me estaba saliendo rematadamente mal. Pero nadie tenía por qué saberlo. La información es poder, ¿verdad? Yo tenía la información, luego yo tenía el poder. 

-Persona-con-la-que-vivo, verás: he pensado empadronarme en Madrid, pero... no creo que pueda hacerlo, mi padre se ha puesto muy triste, fatal, fatal, fatal. Y me ha ofrecido mucho dinero (más del que puedes contar) a cambio de que no lo haga. Estoy hecha un lío, ¿tú qué harías por mí si me empadronara en Madrid?
-No sé... si quieres te invito a una caña para celebrarlo... 
-¡¡¡Hecho!!!

Y así es como me empadroné en Madrid a cambio de una caña. Que no se diga que no consigo lo que quiero.

El día de mi empadronamiento yo estaba muy nerviosa: "¡es como casarme con Madrid!", decía. A juzgar por los regalos que recibí (cero) y por los invitados que me acompañaron al evento (cero) el resto del mundo no lo veía así.

Cuando el amable chico de la ventanilla me dijo "¡pues ya está!", yo no me lo podía creer:
-¿Cómo que ya está?
-Sí, ya está, ¿has visto qué rápido?
-¿¿Pero qué dices?? ¡¿¿Es que no vas a tirar confeti ni nada??! ¡Que me estoy empadronando en esta ciudad, joder! ¿Cómo es que a nadie le importa?

Tras esperar un coche nupcial que nunca llegó, decidí volver a casa en metro y mandarle a mi padre el siguiente sms:

"Papi, ya soy ciudadana madrileña, pero os quiero igual y nunca olvidaré mis raíces". 

¿A vosotros os ha contestado? ¡A mí tampoco!


P.D- Como no quería publicar todo esto sin darle a mi padre la oportunidad de defenderse, le envié un e-mail contándole lo desarraigada y triste que me sentía. Me dijo que "era muy teatrera" y que "le da igual dónde figure empadronada, lo que le duele es no poder verme todos los días desde hace años".

¿¿Por qué, papá, por qué no me has dicho todo esto cuando aún estaba a tiempo de romper en pedazos mi hoja padronal?? ¡Si hubiera sabido que te sentías así, lo habría hecho! Y no te hubiera pedido ni apartamento ni tres mil euros al mes (pero lo del chófer buenorro me vendría muy bien, ahora que el metro está tan caro...

posted by LauraConChocolate @ 16:47   12 comments
viernes, 11 de mayo de 2012
104. Y voy a enamorarme diez veces por semana... y aprenderé a ligar con tests de la Ragazza.

Queridos lectores:

Después de tanto tiempo sin escribir, me he metido en Google Analytics y me ha sorprendido la cantidad de visitas que este blog sigue teniendo. ¡Gracias!

Así que me he regañado a mí misma: ¡Que sea la última vez que pasas tanto tiempo sin escribir!, y después he hecho lo mismo que hacía mi madre cada vez que me reñía: comprarme un Bollycao.

(¿Qué pasa? A cada uno se le curan los disgustos como quiere)

No, espera, creo que voy a profundizar más en esta historia: mi adicción al chocolate es algo que provocó mi madre en mi cerebro a la temprana edad de dos años. Desde ese momento y hasta bien entrada la adolescencia, había una frase que mi madre me repetía constantemente:

-Nooooo, no se te nota el bigoteee...

Ay, no, era la otra:

-Si dejas de llorar te compro un Bollycao

(Había veces que me costaba mucho dejar de llorar, como cuando murió mi conejito Jenny, y entonces me compraba más de uno. Jijijiji) 

El caso es que para quemar las decenas de Bollycaos que he consumido tras cada llanto, voy al gimnasio, como ya sabéis. En el gimnasio vivo situaciones muy surrealistas, del tipo...

1. Las señoras mayores me cuentan cosas que no me importan y prefiero no oír porque soy una chica muy sensible:

-Anoche tenía tantas agujetas que no pude ni cagar.


-No veas cómo tengo "las que sufro en silencio".

-... y entonces vino el del gas, y me dijo... no, y le dije yo a él.. y es que todo esto empezó cuando fui a donde mi hermana, que la mujer tenía un horno de cuando se casó con mi cuñado... que luego se separaron porque él era un sinvergüenza... ¿tú sabes lo que le hacía? ¿No lo sabes? Ahora verás...

2. Los señores (mayores y no tanto) me regalan vinos y bombones. 

A mí los vinos y los bombones me encantan y me parecen un regalo chachi-piruli-súper-genial, peero... creo que así no consigo quemar del todo los Bollycaos de la infancia, no sé. 

Mis padres, mis amigos, y mi persona-con-la-que-vivo, no terminan de entender mucho esto de los regalos. Pero yo siempre digo:
Pues bien que te lo estás comiendo/bebiendo! (porque yo siempre comparto mis regalos)

3. El monitor de Pilates sigue desatando pasiones.

Después de cada clase, siempre hay una señora que necesita que "le estiren un brazo", "le crujan la cadera" o "le den un repaso... de la teoría del Pilates" (sí, ya, ya sabemos todas a qué repaso se refiere usted, señora). 



En junio el profe quiere hacernos un análisis postural y... ninguna sabemos lo que es, pero me juego lo que queráis a que las señoras ya han pedido hora en la peluquería. Y se han depilado las ingles. Por si acaso...

4. A veces tomamos un vermut con saladitos. 

Allí mismo, al lado de las máquinas y de la gente que está entrenando duramente. Cuando voy por la tercera copa, yo siempre digo:
-Goooo, go me pongas mágs gue tengo glaseeeee...

Pero no me hacen ni caso. Solamente dicen:
-¿Para qué vas a ir a clase?
Y yo pienso:
-Hostia, pues es verdad.

Y tampoco puedo quejarme de esta costumbre de comer después del ejercicio, porque creo que la instauré yo el día que llevé pasteles por mi cumpleaños. 

Cambiando de tema...

También viví tres semanas con un saltamones al que le faltaba una pata y al que llegué a querer y a alimentar, compré una camiseta con un preservativo dibujado POR ERROR (¡creí que era un cazafantasmas!), me granizó como si no hubiera mañana en un monte perdido de Soria, y hasta le gasté a mi hermana la pequeña bromilla de que nuestra perra había muerto (¡en serio! ¡Le enseñé el supuesto tarro-falso-de-cenizas por Skype! Mi padre me miraba, miraba a mi madre y telepáticamente le preguntaba: "¿Qué hemos hecho mal?). En fin, este tipo de historias, pero seguro que no os interesan tanto. Además, tenemos tiempo para ponernos al día ;-)  


Sobre mi ausencia, lo único que puedo decir es...

"Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir".


posted by LauraConChocolate @ 19:01   13 comments
miércoles, 1 de febrero de 2012
103. Si quieres, nos quitamos la ropa y leemos algo, que la luna está llena de tus besos...
Siempre me ha gustado que mi padre me acompañe al dentista por dos razones fundamentales:

1. Para que pague él.
2. Para que me sujete el abrigo, el bolso, la bufanda, los guantes y los donuts de chocolate, mientras yo estoy en la silla de tortura.

Muy sentimentales, ya lo sé. Además, estas dos razones compensan, en cierta manera, todo lo que me hace pasar. Por ejemplo, aquella vez, cuando me dijo la enfermera:

-Vamos a hacerte unas radiografías. ¿Es posible que estés embarazada?
-No.

Entonces, mi padre me miró muy serio y muy fijamente, y preguntó con suspense telenovelero:

-¿Seguro, Laura?


Que vamos a ver, papá, ¿a ti qué posibles respuestas se te ocurren para esa pregunta?

-No, bueno, en verdad sí que lo estoy, pensaba decirlo en la cena, con unos bombones.
-Define 'seguro'.
-Hombre, hasta hace cinco minutos no, pero con todo lo que me está haciendo el dentista, aquí puede pasar cualquier cosa.

¡¡No te digo!!

Cuando me vine a vivir a Madrid, pensé que lo más lógico sería buscarme aquí un dentista. Por eso no lo hice, porque era lo más lógico. Así que durante cuatro años, seguí yendo al dentista de Valencia con mi padre, aprovechando las vacaciones de Navidad, y eso era un rollo, porque claro, durante el rato que estaba en la consulta tenía que dejar de beber y todo el mundo sabe que la única manera de sobrevivir a las navidades en familia es darle al lambrusco, ¿verdad? (¿Verdaaaaaad?)

Así que un día me armé de valor y dije:
-Mamá, papá, he tomado una decisión: voy a buscarme un dentista en Madrid.
(Y luego no volví a decir nada durante meses)

Nuestras conversaciones telefónicas empezaron a ser un poco monotemáticas:
-Laura, ¿y el dentista?
-Bien, gracias.

-Laura, ¿el dentista qué?
-Al fondo a la derecha.

-¡Lauraaaa! Bueno, mira, si no quieres no vayas.
-Pues ahora sí que voy.

Así que un día reuní el valor suficiente para llamar y pedir hora:
-Esta tarde hay un hueco, ¿te anoto?
NOOOOOOOO!

(A ver, que he madurado, pero no tanto)

Me dieron cita para una semana después, o sea, hoy mismo. Así que anoche llamé a mis padres y con toda la intensidad y carga dramática de la que fui capaz, dije:
-Padre, madre... el día ha llegado. ¿Queréis darme un último consejo antes de afrontar este duro y amargo trance?
-Sí. Que te laves bien los dientes antes de ir.
-Vale, ¿¿y algo que no haga tres veces al día cada día de mi vida??

(De verdad, esto que hacen mis padres de infravalorar mis problemas no me gusta nada)

Yo estaba un pelín nerviosa, pero cuando he llegado a la consulta y he visto que no había cadáveres sin dientes por el suelo, ni dientes a secas, ni cadáveres a secas, pues como que me he tranquilizado. Así que me he puesto a rellenar el "cuestionario confidencial de salud' que me han dado, contestando con 'sí' o 'no' a todas las preguntas, hasta que he llegado a la de "¿Está embarazada?", que entonces he puesto: "No, superseguro que no", tal y como me enseñó mi padre que hay que decir.

El dentista me ha parecido muy majo, pero el mérito es mío. Quiero decir, me ha parecido majo porque me ha dicho que todo estaba perfecto. Si me hubiera encontrado algo, hecho el más mínimo daño, o insinuado que había que arrancarme algún diente... entonces probablemente hubiera necesitado matarle allí mismo de forma muy dolorosa, pero eso no me hace mala persona, ¿verdad? ;-)

posted by LauraConChocolate @ 18:42   12 comments
viernes, 23 de diciembre de 2011
102. Y aun sabiendo que no estabas te busqué por todos lados...
Hay madres que, cuando sus adorables (ejem) hijas bajan del tren con su abrigo gris y su maleta rosa, se las llevan a un montón de sitios guays. A mí se me ocurren:

-La tienda de caramelos de la calle Xátiva.
-La chocolatería Valor de la Plaza de la Reina.
-Cualquier tienda de la calle Colón.

Etc.
La mía no. La mía me lleva al veterinario y al médico, por ese orden.

Lo del veterinario no es por mí, ¿eh? Vale, a veces me dicen que duermo como un lirón, o que corro como un gamo por las escaleras del metro, o que tengo los dientes como un ratoncito, o que me escondo en la almohada como un topito, o que me despierto con estos pelos:

(Sí, me dicen cosas muy bonitas)

Lo del veterinario era por mi perra. Quiero aclararlo porque cuando le he contado a un amigo que estaba en el veterinario, me ha dicho que no sabía que la sanidad estaba tan mal en Valencia.

Bien, el veterinario era un hombre peculiar. De hecho creo que ha tenido mucho que ver en el hecho de que al salir de su consulta hayamos tenido que ir directamente a la del médico.

Mientras le estaba haciendo una ecografía a mi perra, decía:
-¿Veis? No tiene pus en el útero. Os voy a enseñar un útero con pus.
No, gracias...

-Aquí está, decía pasando fotos en su Samsung Galaxy S. Cuatro kilos de pus, ¿qué os parece? Mirad, aquí se ve mejor.

...

-Tampoco tiene tumores. Mirad, os voy a enseñar un tumor enorme de un caballo.
En serio, no hace falta, Nochebuena es mañana, mi abuela hace mucha comida y a mí me estás revolviendo hasta las ideas...
-¿Veis? Es enorme, ¿eh? Mirad, mirad, esta foto es de más cerca.

-Tiene el hígado bien. Yo operé a una vaca del hígado... creo que tengo alguna foto por ahí.

A esas alturas yo ya estaba sentada, con la cabeza entre las piernas, balanceándome de atrás hacia adelante.

-Es que está malita, me justificó mi madre.
-Sí, estoy resfriada, y además no voy a poder comer en tres años.

El caso es que después del veterinario, yo parecía un zombie mareado, pálido y anémico.

-Vamos al médico.
-¡Nooo! ¡Quiero meterme en el sofá y no salir en toda la tarde!
-Y eso harás. En cuanto volvamos del médico.

El médico de Valencia es un señor muy majo. A mi padre no le gusta, porque cuando acudió a su consulta porque le dolía la espalda, le dijo:
-Eso te pasa por caminar de pie. Si caminaras a cuatro patas, no te dolería.

Y por eso no le gusta. Aunque el hombre sigue andando de pie y eso me parece muy mal porque a los médicos hay que hacerles caso siempre.

A mí me ha dicho que tengo varias cosas acabadas en -itis, me ha dado unos golpes muy extraños en la frente y en la nariz, y me ha dicho que era normal que no tuviera hambre.
-Claro, porque es que usted no sabe cómo se veía el pus en ese útero.
-¿? ... no tienes hambre por el catarro, así que, come dulces.
-¿Cómo?
-Sí, hoy puedes comer todos los dulces que quieras, porque se trata de que comas muchas calorías, y los dulces tienen muchas calorías en poca cantidad, así que... atibórrate.

Genial. Es la primera vez que me mandan dulces por preinscripción médica y no me apetecen. Así que me da igual que vengáis a mi casa con bombones, mazapanes, turrón Suchard, ensaimadas napolitanas de chocolate, brownies, magdalenas, muffins... mmmm... creo que me está empezando a apetecer algo de eso...

¡Felices fiestas, Navidades, solsticios, o lo que celebréis cada uno! ;-)
posted by LauraConChocolate @ 18:07   6 comments
jueves, 24 de noviembre de 2011
101. Ayer me montaste aquella escena para ver quién se dejaba querer, y tuve que ofrecerte yo el aire de la calle...

Cada vez que voy a Valencia y entro en mi habitación, descubro un montón de papeles/cosas/chismes raros, que mis padres han ido dejando ahí para mí. Qué sé yo, cartas del banco, cosas que tengo que firmar, pijamas, bragas, iphones... (ah, no, esto último sólo está en mis deseos.......) Pero ayer, cuando entré en mi habitación de Valencia, junto a todas esas cosas, había un hombre. Lo primero que pensé es: me he confundido de casa (no sería la primera vez que me pasa, pero prometí no contar jamás esta historia. Bueno, quizás, algún día) Pero entonces miré la pared y vi esa foto mía con María, oliendo cacas de cabra (he prometido no contar jamás esta historia. Bueno, quizás, algún día) y me di cuenta de que sí que estaba en la casa correcta. Lo segundo que pensé es: ¿por qué mis padres han dejado un hombre en mi habitación junto con todas las cosas que tengo que llevarme a Madrid?

Así que fui hacia ellos y les dije:
-Mamá, papá, muchas gracias por el hombre que me habéis regalado, pero no lo quiero, devolvedlo, por favor. Primero, no es mi tipo. Segundo, en mi casa ya tengo muchas bocas que alimentar, no puedo permitirme otra más. Tercero, acabo de hacer un viaje muy largo, no tengo ganas de darle conversación ni preguntarle qué música escucha ni a qué se dedica...
-Es pintor.
-¡Me da igual a lo que se dedique! ¡He dicho que no tengo ganas de entablar conversación!
-¡QUE ES EL PINTOR, LAURA! ¡Es el pintor que está pintando la casa!

Glubs.

Una vez asimilado que ese hombre no era un regalo para mí, me asoló otra inquietante duda:
-¿Estáis pintando la casa? ¿Por?
-Bueno, estamos haciendo algunas reformas...
-Ajá... ¿qué reformas?
-Nada, poca cosa... un poco de aquí, un poco de allá...
-¿¿¿QUÉ-RE-FOR-MAS???
-Hemos tirado tu armario.

Lo que ahora parece el plató de Callejeros antes era mi armario con mi ropa, mis fotos, mi cosas, mi vida.

Les perdoné cuando me tiraron aquel peluche especial. Les perdoné cuando me tiraron aquellas flores especiales. Les perdoné cuando me quitaron UN MÓDULO ENTERO DE CAJONES para llevarlo a no sé dónde. ¿Pero lo del armario? ¡Lo del armario ha sido para hacer daño!

De todas formas, me estoy perdiendo en los detalles, además, toda esta historia se resume en: antes tenía un armario, ahora tengo un hombre-pintor y también tengo que buscarme un sitio donde dormir esta noche, porque en mi cama, no creo que pueda:


Lo que yo de verdad quería contar es el motivo de mi visita a Valencia:
-Llevar a Honguito a un dermatólogo. Porque los médicos de cabecera están muy bien para unas cosas, pero los míos concretamente, con el tema del hongo no me estaban dando mucha confianza.

Yaaa, ya sé lo que estáis pensando, eso mismo me dijo mi amigo Pablo cuando se lo conté:
-Ahhh... te vas a Valencia al dermatólogo... claro, porque en Madrid no hay ninguno, ¿verdad?

Vamos a ver: en Madrid hay de todo y todo muy bonito. ¿Dermatólogos? ¡Tropecientos! Solamente en el recorrido de mi casa hasta mi clase de Pilates, me cruzo con cinco o seis dermatólogos. Haberlos, haylos. Estar, están. Ahora, conseguir cita con uno cuesta lo suyo (ojo, cita médica. Cita en plan "cena y copas" no lo sé)

En Valencia, teniendo en cuenta que mi madre trabaja en un hospital, es mucho más fácil. Así que allá que fuimos, y la dermatóloga dijo:
-Aquí no tienes un hongo y probablemente no lo has tenido jamás.
-¿Estás diciendo que mis últimos posts no tienen sentido? Bueno, sentido no tienen ni los últimos, ni los primeros, ni... ¿¿¡¡¡QUE NO TENGO UN HONGOOOO???!!!
- Tuviste una infección, y ahora te has hecho una herida por todos los tratamientos que te has puesto para el supuesto hongo. Ponte esta crema, déjate crecer la uña, y olvídate de ella.


¡Sííííííííí! ¡Vuelven las manicuras! ¡Las limas, los brillos, los tonos rojos, dorados, los estampados, las flores! ¡Vuelve la moda! ¡Ya es primavera en las manos de Laura!
posted by LauraConChocolate @ 16:15   10 comments
domingo, 30 de octubre de 2011
100. Ahora me escondo y te observo y te puedo decir: yo mataré monstruos por ti...
HONGUITO, MI FIEL COMPAÑERO.

Cuando después de un mes tomando las pastillas agresivas, Honguito seguía cómodamente instalado en mi uña, decidí no andarme con rodeos:
-¡VETE, BICHO ESTÚPIDO!
Un desalojo, otra okupación!, gritó él.

Mira, nos ha salido antisistema.

Así que volví a ver a mi médica. Cuando entré en la consulta, observé con sorpresa que a mi médica le había salido bigote. Y pene. Vamos, que era un hombre. Que yo no tengo ningún problema con eso, ¿eh? ¡A mí lo mismo me da! Si ella o él o ello se siente más cómoda o cómodo así, Honguito y yo encantados de la vida. Un rato después descubrí que nada de eso había pasado, simplemente, mi médica estaba de baja y le sustituía este hombre. ¡Pues me gustaba más mi teoría!

Esto es importante porque tuve que contarle a ese desconocido la historia de Honguito desde los comienzos:
-Nací un 13 de diciembre y mi madre dice que tardé casi 24 horas en salir, yo creo que exagera, aunque la verdad es que soy súper casera (...) y tenía acné pero mi padre me decía que con la oscuridad de las discotecas nadie se daría cuenta (...) yo creía que me había salido fatal, pero saqué un 9 (...) como los tacones me hacían daño fui descalza, y había un montón de famosos (...) y ahora tengo que cocinar con el Skype encendido mientras mis padres me observan (...) ¡Y todas! ¡Todas están enamoradas del profesor de Pilates! (...) pero como mi padre no me compra un Iphone (...) ¡se lo juro, saltó de la pecera y se suicidó! (...)
-Bonita, tú sabes que son cinco minutos por paciente, ¿verdad?
-Resumiendo: que tengo a Honguito viviendo en mi uña, y como hay crisis y el banco no le da la hipoteca, no puede independizarse, y yo no sé qué hacer, porque lleva diez meses sin pagarme el alquiler, y si al menos limpiara un poco... pero es que encima tengo que ir detrás de él recogiendo sus cosas.

Entonces el médico, con toda la tranquilidad del mundo, me recomendó que dejara de tomarme esas pastillas y que Honguito se iría con el tiempo si me cortaba la uña y me ponía una cremita.

-¡Confiese, doctor! ¿Cuánto le ha pagado Honguito para que me diga eso? Usted sabe que es insolvente, ¿verdad? ¡Le duplico su oferta si me lo saca de aquí!
-Bueno, si te vas a quedar más tranquila, podemos hacer un cultivo para analizar qué tipo de hongo es.
-Un hongo cabrón, eso ya se lo digo yo sin cultivar nada...

Y me dio un bote de plástico transparente:
-Toma. Cuando te crezca más la uña, recórtala todo lo que puedas, métela en este bote, y la traes a la sala de las extracciones.

Entonces yo miré el bote. Y miré al doctor. Y miré el bote. Y miré al doctor. Y al bote. Y al doctor.


-Vamos a ver si lo he entendido: ¿tengo que cortarme la uña y ponerla aquí?
-Eso he dicho, sí.
-¡PERO QUÉ MORRO! ¿Esto qué es, un nuevo tipo de sanidad pública en la que el paciente se hace las cosas a sí mismo? ¡¡¡PUES DOY GRACIAS DE NO TENER APENDICITIS!!! ¡Porque me hubieses dado aguja, bisturí e hilo y hale, a auto-operarme!

Al cabo de unos días, llamé al ambulatorio para pedir cita para llevar esa pequeña parte de Honguito que yo misma tenía que cortar.
- (...) Para vacunarse contra la gripe, diga "gripe", si desea pedir cita con su médico, diga "médico", si desea pedir cita con la enfermera, diga "enfermera", si desea pedir cita con el especialista, diga...
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡QUIERO LLEVAR UNA PARTE DE HONGUITO QUE YO MISMA HE CORTADO!!!!!!!!!! ¿¿¿Es que no está esa opción o qué??? ¡PORQUE AL MÉDICO LE HA PARECIDO LO MÁS NORMAL DEL MUNDO QUE YO ME CORTE LA UÑA!

Y llegó el gran día. El Honguito de mi uña, el Honguito del bote y yo, fuimos al ambulatorio muy temprano. Y allí había muchas personas con botes, pero no tenían honguitos dentro, tenían... tenían pipi.


(Jijiji, he dicho "pipi")

Y vamos a ver una cosita... Probablemente, la última vez que el médico me pidió un análisis de orina, yo era tan pequeña que fue mi madre la que se encargó de eso. Pero si ahora tuviera que llevar mi pipi en un botecito transparente, estoy segura de que me limitaría a eso: llevar mi pipi en un botecito transparente.

Las señoras que vi allí no. Las señoras llevaban su pipi en un botecito transparente, envuelto en paños de cocina, atados con gomas elásticas, metidos dentro de una bolsa que a su vez estaba en una bolsa isotérmica, dentro de una caja de zapatos dentro de su bolso.

Yo miraba a la enfermera desmontar todo aquello y pensaba: "sí maja, sí, yo también he visto sustancias radioactivas menos protegidas que estos pipis".

Entonces le di parte de Honguito a la enfermera cuya misión era desenterrar botes de orina, y la otra parte de Honguito y yo nos fuimos a Pilates. Pero por el camino, decidí que tenía que ser sincera con Honguito:

-Mira, lo he estado pensando y... tenemos que hablar, Honguito. No sé cómo decirte esto sin que te duela. No eres tú, soy yo... pero me estoy asfixiando, necesito mi espacio y que estemos un tiempo separados para saber si puedo vivir sin ti, porque yo creo que sí, que puedo vivir sin ti y que los dos seríamos más felices así. Tú te mereces a alguien mejor. Alguien que te quiera, porque yo no te quiero. Lo he intentado, pero no puedes obligar a una persona a querer a un honguito. Si quieres, podemos seguir siendo amigos... pero devuélveme el libro que te presté hace seis meses, cabronazo.
-Mira mamá, esa señora está loca, habla con su dedo.
-¡¡¡¡¡DÍGALE A SU HIJO QUE NO ME LLAME SEÑORA, QUE NO TENGO NI 27 AÑOS TODAVÍA!!!!!

Por favor, que mi uña vuelva pronto a la normalidad, antes de que los daños cerebrales sean irreparables... porque necesito volver a esas salas de manicura a las que soy tan adicta...
posted by LauraConChocolate @ 18:00   9 comments
lunes, 3 de octubre de 2011
99. ... porque en cuanto me descuido, me atropella algún recuerdo en el pasillo...
Mis padres han descubierto Skype.

Oh, Dios-Mío.

Skype, según la Wikipedia, es un software que permite comunicaciones de texto, voz y vídeo a través de Internet.

Skype, según yo, es un programa de ordenador que inventó Satán para aniquilar cualquier sentimiento de intimidad que pudiera tener desde que volé del nido familiar.

Mi padre se las ingenió de forma magistral para que mordiera el anzuelo, las cosas como son:

-Laura, como tu hermana está de Erasmus en Cracovia, nos vamos a instalar el Skype para hablar con ella, pero antes me gustaría probarlo contigo. Tu portátil tiene webcam, ¿verdad?
-Errmm... sí, pero... esto... es muy extraño, pero sólo funciona si antes de usarla, alguien, por ejemplo mi padre, me hace una transferencia bancaria de 2000 euros...

Jou. No sé por qué no coló. ¡Era perfecto! ¡Malditos hombres con estudios! Saben demasiado de informática...

La primera noche que nos conectamos vía webcam, me encontré a mis dos progenitores arreglados con sus mejores galas y sentados con elegancia en el sofá. De fondo, el comedor recogido y ordenado como nunca...

... que vamos a ver: NO ESTOY DICIENDO QUE MIS PADRES NO SEAN ORDENADOS. En absoluto. (Papá, mamá, tranquilos, ahora mismo nadie está pensando que seais desordenados, creedme, pero hay ciertas cosas que conviene aclarar, dejadme a mí, vosotros no os preocupéis POR NADA)

En mi casa de Valencia siempre ha habido mucho orden. ¿Qué digo mucho? ¡Muchísimo! Vale, sí, es un orden un poco extraño, las cosas como son. Por ejemplo, mi padre instaló los routers, modems y wifi's en el cuarto del baño.

¿Y quééé? ¡Cada uno tiene sus cosillas! Y si el hombre, en lugar de poner una vela aromática o una pastilla de jabón, ha preferido montar una centralita, ¿quiénes somos nosotros para criticarlo? ¿A quién hace daño con eso? Bueno, a mí a veces, cuando gritaba...

-PAPÁÁÁÁÁÁÁÁ, ¡NO ME VA INTERNET!
Y él contestaba...
-¡Cuando tu hermana termine de depilarse lo arreglo!

Y cosas así.

Volviendo al tema, cuando vi a mis padres tan 'emperifollados', se lo pregunté sin rodeos:

-Vamos a ver: os he visto ir a bodas menos arreglados que ahora. ¿Por qué os ponéis así para hablar conmigo?
-No... qué va... siempre vamos así por casa..., dijeron ellos. Tú sin embargo, añadió mi padre, estás muy poco glamourosa, ¿no?


Genial. Avisadme de la próxima vídeoconferencia con antelación y pido cita en la peluquería, no te jo**...

Entonces mi madre empezó a pedirme cosas muy raras...

-Laura, ponte de pie, que quiero verte bien. Ahora gírate un poco hacia un lado. Ahora hacia el otro. Ponte de espaldas. ¡Oye! ¡No estarás más delgada, ¿verdad?! ¡A ver, quítate el pijama que te vea desnuda!
-¡BASTAAAAA! ¡Mamá, por favor! ¡Hay señoritas que cobran por hacer menos de lo que tú me estás pidiendo!


La segunda noche, la imagen que vi en mi pantalla tenía más sentido: mis padres cenando en pijama, la mesa llena de cervezas y quesos y ellos hablando con la boca llena.

-¡Ajá! ¡Ahora sí que os reconozco!
-Es que siempre llamas a la hora de cenar, hija.
-Claro, claro... Por cierto, mamá, ¿qué es eso que estás bebiendo?
-Es... ay, no me sale... eso que es como el gazpacho pero más espeso... ¡MORALEJO!
-¡Salmorejo!
-¡Eso!


Tras quince minutos de conversación viéndoles comer, no pude evitarlo:
-Me está entrando hambre, NO SÉ POR QUÉ... os dejo, voy a hacer la cena.
-¡NOOOOOOOOOOOOOO! ¡LLÉVATE EL PORTÁTIL A LA COCINA Y ASÍ MIENTRAS TE VEMOS!


Esto va de mal en peor...

Allí estaba yo, poco glamourosa con mi pijama de La Sirenita y mi bata de Hello Kitty, INTENTANDO hacer la cena...

-Laura, ponle huevo a esa carne, decía mi madre. ¡Y echa más aceite! ¿Has lavado esos tomates?

Tú a lo tuyo, Laura, que no te distraigan con su palabrería.

-¡He decidido que voy a vender la tele!, decía mi padre sin perder detalle de mis movimientos. ¡Esto es mucho más divertido! Y ahora, enséñanos la nevera por dentro.

-¿Que os enseñe la nevera? ¿Me estáis pidiendo que os enseñe la nevera? ¿Pero esto qué es? ¿Callejeros?


Supe que la situación era insostenible cuando mi padre empezó a sentir celos:

-Laura, me estoy dando cuenta de una cosa. Miras más a la mamá que a mí. Eso demuestra que a ella la quieres más.
-¡Os miro a los dos!
-No, no, no. A mí me miras menos.


A partir de ahí, quise recordar cómo era mi vida antes de que el Skype la destrozara. Así que el domingo por la noche, me limité a, simplemente, llamarles por teléfono, para mientras poder hacer la cena en bata sin que mi padre me dijera que era poco glamourosa o mi madre que cortara mejor la lechuga.

Pero lo que me encontré al otro lado del teléfono, me dejó estupefacta:

-¡Hola Laura! ¡Adivina qué estamos haciendo!, dijo emocionado mi padre.
Ay, por favor, que estén vestidos...
-¡La mamá está en tu habitación y yo en el comedor! ¡Estamos hablando por Skype! ¡Esto es genial!


Madre mía. Y a pesar de todo, el amor que siento por ellos es directamente proporcional a lo locuelos que están... fijaos si les querré :-)

Y que conste que esto no lo digo para compensar todos los trapos sucios de ellos que he soltado en este post. Ni para que me den dinero. Bueno, a lo mejor para que me den dinero sí...
posted by LauraConChocolate @ 18:48   11 comments
¿Qué puedes hacer cuando eres una maniática crónica y tu vida da un giro de 180º? ¿Volverte loca? Bah, ya lo estaba de antes. ¿Darte cabezazos contra la pared? No, estropearía mi rubia melena. ¿¿¿Entonces??? ¡CAMBIAR TAMBIÉN DE BLOG! :)
Me he traído a las niñas :)

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