(Tercer) Diario de una joven maniática

miércoles, 1 de febrero de 2012
103. Si quieres, nos quitamos la ropa y leemos algo, que la luna está llena de tus besos...
Siempre me ha gustado que mi padre me acompañe al dentista por dos razones fundamentales:

1. Para que pague él.
2. Para que me sujete el abrigo, el bolso, la bufanda, los guantes y los donuts de chocolate, mientras yo estoy en la silla de tortura.

Muy sentimentales, ya lo sé. Además, estas dos razones compensan, en cierta manera, todo lo que me hace pasar. Por ejemplo, aquella vez, cuando me dijo la enfermera:

-Vamos a hacerte unas radiografías. ¿Es posible que estés embarazada?
-No.

Entonces, mi padre me miró muy serio y muy fijamente, y preguntó con suspense telenovelero:

-¿Seguro, Laura?


Que vamos a ver, papá, ¿a ti qué posibles respuestas se te ocurren para esa pregunta?

-No, bueno, en verdad sí que lo estoy, pensaba decirlo en la cena, con unos bombones.
-Define 'seguro'.
-Hombre, hasta hace cinco minutos no, pero con todo lo que me está haciendo el dentista, aquí puede pasar cualquier cosa.

¡¡No te digo!!

Cuando me vine a vivir a Madrid, pensé que lo más lógico sería buscarme aquí un dentista. Por eso no lo hice, porque era lo más lógico. Así que durante cuatro años, seguí yendo al dentista de Valencia con mi padre, aprovechando las vacaciones de Navidad, y eso era un rollo, porque claro, durante el rato que estaba en la consulta tenía que dejar de beber y todo el mundo sabe que la única manera de sobrevivir a las navidades en familia es darle al lambrusco, ¿verdad? (¿Verdaaaaaad?)

Así que un día me armé de valor y dije:
-Mamá, papá, he tomado una decisión: voy a buscarme un dentista en Madrid.
(Y luego no volví a decir nada durante meses)

Nuestras conversaciones telefónicas empezaron a ser un poco monotemáticas:
-Laura, ¿y el dentista?
-Bien, gracias.

-Laura, ¿el dentista qué?
-Al fondo a la derecha.

-¡Lauraaaa! Bueno, mira, si no quieres no vayas.
-Pues ahora sí que voy.

Así que un día reuní el valor suficiente para llamar y pedir hora:
-Esta tarde hay un hueco, ¿te anoto?
NOOOOOOOO!

(A ver, que he madurado, pero no tanto)

Me dieron cita para una semana después, o sea, hoy mismo. Así que anoche llamé a mis padres y con toda la intensidad y carga dramática de la que fui capaz, dije:
-Padre, madre... el día ha llegado. ¿Queréis darme un último consejo antes de afrontar este duro y amargo trance?
-Sí. Que te laves bien los dientes antes de ir.
-Vale, ¿¿y algo que no haga tres veces al día cada día de mi vida??

(De verdad, esto que hacen mis padres de infravalorar mis problemas no me gusta nada)

Yo estaba un pelín nerviosa, pero cuando he llegado a la consulta y he visto que no había cadáveres sin dientes por el suelo, ni dientes a secas, ni cadáveres a secas, pues como que me he tranquilizado. Así que me he puesto a rellenar el "cuestionario confidencial de salud' que me han dado, contestando con 'sí' o 'no' a todas las preguntas, hasta que he llegado a la de "¿Está embarazada?", que entonces he puesto: "No, superseguro que no", tal y como me enseñó mi padre que hay que decir.

El dentista me ha parecido muy majo, pero el mérito es mío. Quiero decir, me ha parecido majo porque me ha dicho que todo estaba perfecto. Si me hubiera encontrado algo, hecho el más mínimo daño, o insinuado que había que arrancarme algún diente... entonces probablemente hubiera necesitado matarle allí mismo de forma muy dolorosa, pero eso no me hace mala persona, ¿verdad? ;-)

posted by LauraConChocolate @ 18:42   12 comments
¿Qué puedes hacer cuando eres una maniática crónica y tu vida da un giro de 180º? ¿Volverte loca? Bah, ya lo estaba de antes. ¿Darte cabezazos contra la pared? No, estropearía mi rubia melena. ¿¿¿Entonces??? ¡CAMBIAR TAMBIÉN DE BLOG! :)
Me he traído a las niñas :)

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